A raiz de una peregrinación que realicé en varios restaurantes y bares de la antigua hace como dos semanas, me conseguí un gig todos los lunes por las noches en Rainbow Café. El lugar tiene un muy buen ambiente. Es una casa de las antiguas (bueno, no podría ser de otra manera!), con patio y corredor alrededor. Al pasar por el frente no parece que fuera un restaurante, pues lo unico que se logra ver es una pequeña libreria y una agencia de viajes, pero al entrar a la librería, si uno se asoma a la puerta que esta al fondo, se da cuenta que hay mucho más que ver.
Ya desde la semana pasada fue la primera vez que fui a tocar a ese lugar. Al inicio llegué por alli por accidente a dejar un demo del trio. A los dos o tres dias Guillermo, el administrador, me llamó pues le había gustado lo que tocabamos. Por desgracia ya no se pudo concretar un arreglo para que tocaramos los tres, pero intenté con la posibilidad de llegar a tocar solo yo con mi teclado, y Guillermo amablemente aceptó mi oferta.
Este es mi primer gig para tocar solo yo en un lugar de fijo. Aunque monetariamente el pago no es significativo (al menos para dar el viaje desde la capital a la antigua, cargar el teclado, desgaste de carro, desvelos, el regreso a las 11 de la noche, etc, etc…), la oportunidad de estar tocando solo yo, la experiencia que estoy adquiriendo, la oportunidad de conocer nueva mara y las experiencias que estoy viviendo hacen que todo esto valga la pena.
El primer día que llegué a tocar, a pesar que no había mucha gente, me puse (como siempre) un tanto nervioso, pero con forme fue pasando el tiempo me empecé a relajar y pude dejarme llevar un poco más por la música que estaba tocando. Lo que sí, es que ese día me di cuenta de muchas cosas que me hacen falta como pianista, en cuanto a mi tecnica y también en cuanto a mi soleo. Lo bueno es que yo sé que esto me va a ayudar mucho.
Este lunes que acaba de pasar fue otra historia. Como cosa sorpendente – al menos para mí, que estoy acostumbrado a que aqui en la ciudad los dias Lunes todo está cerrado y toda la gente anda con la hueva que acaba de iniciar otra semana de trabajo – por allá por la Antigua, el Lunes es un día tan lleno de gente como si lo fuera un viernes o un sábado. Este Lunes sí tuve mucho más publico, pues el lugar estaba casi lleno. La mayoría de veces cuando hay mucha gente, me pongo nervioso, pero ahora no pasó asi. Es algo extraño, pues en lugar de sentirme nervioso me sentí mucho más tranquilo, como que si por cada nota que tocaba también recibía algo más de la gente. La magia del lugar y también el ambiente que había, el clima, el estar tocando bajo el cielo estrellado de la Antigua, hizo que las ideas fluyeran y asi también las improvisaciones sobre esos estandares de jazz que son mi pan de cada día (que más bien son mi banquete de cada día!). Pensé que la gente no me estaba poniendo mucha atención, pero al finalizar varias personas me hicieron llegar sus felicitaciones y sus buenos comentarios. Otra cosa nueva que descubrí fue la canastita de las propinas. Descubrí que por allá la gente suele dar tips a los músicos por sus interpretaciones, y yo no fuí la excepción. Asi que regresé a mi casa a las 0 horas del Martes, con una gran sonrisa en mi rostro, mi teclado atravezado en el sillon trasero de mi carro, mi paladar satisfecho por un delicioso platillo de espaguetis con salsa de tomate que me dieron de cena, una canasta llena de fichas de quetzal (palomitas) y billetes de a 10 y la satisfacción de estar caminando en el camino en el que quiero andar